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William Morris: The Life and Death of Jason. A PoemAbbildungenDeskriptionJ. L. Borges

Jason und das goldene Flies

William Morris:

The Life and Death of Jason. A Poem.

Hammersmith: Kelmscott Press, 1895.

Quarto. [4 weiße], [4], 353, [4], [3 weiße] Seiten. Mit zwei großen Holzschnitten nach Zeichnungen von Sir Edward Burne-Jones, diese und die gegenüberliegenden Seiten mit breiten Randrahmen von Morris; zahlreiche größere und kleinere Initialen, Druckermarke 2.

Handgefertigter flexibler Original-Pergamenteinband auf fünf hellen Seidenbändern, von denen drei durchgezogen sind. Vergoldeter Rückentitel in Golden type. Unbeschnitten. Gebunden von J. & J. Leighton.

Eins von nur 200 Exemplaren auf handgeschöpftem Bütten, Gesamtauflage 206 Exx., und damit eines der seltenen Stücke der Presse. „The line-fillings on the last page were cut on metal for this book and cast like type“ (Cockerell). Die Vorlage für das Frontispiz sowie zwei Entwürfe und eine Vorlage für das Schlußbild sind abgebildet in „W.M. and the Art of the Book“ Tafel LXXXVIII-LXXXIX, Abbildungen 84 B; vgl. S. 131; die Holzschnitte nach den Zeichnungen von Burne-Jones wurden von W. Spielmeyer angefertigt.
¶ „The Life and Death of Jason“ wurde erstmals 1867 mit großen Erfolg publiziert. Es erzählt die Geschichte von Jason und dem goldenen Flies, wobei in gut Morrisscher Tradition ein Großteil Betonung auf die Rolle der Medea gelegt wird. Henry James lobte in einer Rezension die Berufung „to the jaded intellects of the present moment“, die eine Welt hervorriefen, „where they will be called upon neither to choose, to criticise, nor to believe, but simply to feel, to look, and to listen“. „Here is a poem sown of itself, sprung from no alien seed, cast after no alien model; fresh as wind, bright as light, full of the spring and the sun. … The pictures are clear and chaste, sweet and lucid, as early Italian work, There are crowds and processions, battle-pieces and merry-makings, worthy of Benozzo or Carpaccio; single figures or groups of lovers in flowery watery land, worthy of Sandro or Filippo. … Rarely but in the ballad and romance period has such poetry been written, so broad and sad and simple“ (Swinburne’s review in the „Fortnightly Review“, reprinted in „Essays and Studies“).
¶ „‚Das ist meine ‚Jason‘-Ausgabe. Sie ist aus der ‚Troy‘ gesetzt und enthält zwei Holzschnitte von Burne-Jones. Es gab lediglich zweihundert Exemplare, aber der Preis muß wohl recht hoch gewesen sein (ich bot es für fünf Guineen an), denn es gehört zu den sehr wenigen Büchern, von denen ich noch [1895, sic!] einige Exemplare habe. Dennoch, aufgrund der kleinen Auflage mußte der Preis so hoch sein.‘ Wir durften uns dieses Buch, dessen Seiten durch die schöne tiefschwarze Schrift auf dem erstklassigen weißen Papier bestachen, näher anschauen. Wir haben schon viele der Kelmscott-Press-Ausgaben von Mr. Morris gesehen, aber nach unserer Meinung übertrifft keine diese Ausgabe in ihrer vornehmen Erscheinung und Schönheit. Es war eines der ersten von Mr. Morris selbst verfaßten Bücher, und er hat es in einer Weise ausgestattet, die seine Wertschätzung für seine frühen Arbeiten verdeutlicht“ (W. S. Peterson, Herausgeber: W. M. – Das ideale Buch. p. 98; das Interview wurde 1895 im „Bookseller“ veröffentlicht).

Die sechs Bindebänder fachmännisch erneuert, sonst fast neuwertig. In diesem Zustand von großer Seltenheit.

One of 200 copies on paper of an edition of 206. Printed in Troy type in black and red. Two woodcuts by Sir Edward Burne-Jones; woodcut title and facing page with full woodcut page-borders, numerous woodcut initials. The gothic lettering of the engraved title was designed by Morris. Original limp vellum, gilt title on spine, uncut, six new ties. In order to fill even more of the white space on pages, ‘line-fillings’, as they were called by Cockerell, were cast in metall and used in ‘Jason’ for the first time. Morris re-used, for the only time, the two borders he had designed for ‘The Tale of Beowulf’, as well as a number of partial borders and initials. More red than usual was used.

Peterson A34 – Forman 16 – Scott 102 – Walsdorf 34 – Tomkinson 116,34 – Cockerell 34 – Ransom 328,34 – Coupe 3.1 – Bibliographienelektronisches Faksimile.

 

Jorge Luis Borges

«Empezaré por considerar la faz novelesca del libro The life and death of Jason (1867) de Morris. Mi fin es literario, no histórico: de ahí que deliberadamente omita cualquier estudio, o apariencia de estudio, de la filiación helénica del poema. Básteme copiar que los antiguos – entre ellos, Apolonio de Rodas – habían versificado ya las etapas de la hazaña argonáutica, y mencionar un libro intermedio, de 1474, Les faits et prouesses du noble et vaillant chevalier Jason, impracticable en Buenos Aires naturalmente, pero que los comentadores ingleses podrían revisar.

El proyecto de Morris era de casi imperceptible, íntima valentía. Era la relación auténtica de las aventuras apócrifas de Jasón, rey de Iolcos. La sorpresa lineal, recurso general de la lírica, no era posible en esa narración de más de diez mil versos. Esta necesitaba ante todo una fuerte apariencia de veracidad, si no absoluta, capaz a lo menos de producir esa espontánea suspensión de la duda, que determina para Coleridge la fe poética. Morris consigue despertar esa fe; quiero investigar cómo.

Solicito un ejemplo del primer libro. Aeson, rey desposeído de Iolcos, entrega su hijo a la tutela selvática del centauro Quirón. El problema reside en la difícil verosimilitud del centauro. Morris lo resuelve insensiblemente. Empieza por mencionar esa estirpe, entreverándola con nombres de fieras que también son extrañas.

Where bears and wolves the centaurs’ arrows find,

explica sin asombro. Esa mención primera, incidental, es continuada a los treinta versos por otra, que se adelanta a la descripción. El viejo rey ordena a un esclavo que se dirija con el niño a la selva que está al pie de los montes y que sople en un cuerno de marfil para que aparezca el centauro, que será (le advierte) de grave fisonomía y robusto, y que se arrodille ante él. Siguen las órdenes, hasta parar en la tercera mención, negativa engañosamente. El rey le recomienda que no le inspire ningún temor el centauro. Después, como pesaroso del hijo que va a perder, trata de imaginar su futura vida en la selva, entre los quick-eyed centaurs – rasgo que los anima, justificado por su condición famosa de arqueros. El esclavo cabalga con el hijo y se apea al amanecer, ante un bosque. Se interna a pie entre las encinas, con el hijito cargado. Sopla en el cuerno entonces, y espera. Un mirlo está cantando en esa mañana, pero el hombre ya empieza a distinguir un ruido de cascos, y siente un poco de temor en el corazón, y se distrae del niño, que siempre forcejea por alcanzar el cuerno brillante. Aparece Quirón: nos dicen que antes fue de pelo manchado, pero en la actualidad casi blanco, no muy distinto del color de su melena humana, y con una corona de hojas de encina en la transición de bruto a persona. El esclavo cae de rodillas. (Anotemos, de paso, que Morris puede no transferir al lector su representación del centauro ni tampoco invitarnos a tener otra: le basta con nuestra continua fe en sus palabras, como en el mundo real).

Idéntica persuasión pero más gradual, la del episodio de las sirenas (catorceno libro). Las imágenes preparatorias son de dulzura. La cortesía del mar, la brisa de olor anaranjado, la peligrosa música reconocida primero por la hechicera Medea, su previa operación de felicidad en los rostros de los marineros que apenas tenían conciencia de oírla, el hecho verosímil de que al principio no se distinguían bien las palabras, dicho en modo indirecto:

And by their faces could the queen behold
how sweet it was, although no tale 1s told,
to those worn, toilers o’er the bitter sea,

anteceden la aparición de esas divinidades. Estas, aunque avistadas finalmente por los remeros, siempre están a alguna distancia, implícita en la frase circunstancial:

      for they were near enow
to see the gusty wind of evening blow
long locks of hair across these bodies white
with golden spray hiding some dear delight.

El último pormenor: el rocío de oro – ¿de sus violentos rizos, del mar, de ambos o de cualquiera? – ocultando alguna querida delicia, sirve otro fin, también: el de significar su atracción. Ese doble propósito se repite en una circunstancia siguiente: la neblina ansiosa de lágrimas que ofusca la visión de los hombres. (Ambos artificios son del mismo orden que el de la corona de ramas en la figuración del centauro). Jasón, desesperado hasta la ira por las sirenas, las apoda brujas del mar y hace que cante Orfeo, el dulcísimo. Viene la tensión, y Morris tiene el maravilloso escrúpulo de advertirnos que las canciones atribuidas por él a la boca imbesada de las sirenas y a la del tracio Orfeo, no encierran más que un transfigurado recuerdo de lo cantado entonces. La misma precisión insistente de sus colores los bordes amarillos de la playa, la dorada espuma, la roca gris nos puede enternecer, porque parecen frágilmente salvados de ese antiguo crepúsculo. Cantan las sirenas para aducir una felicidad que es vaga como el agua – Such bodies garlanded with gold, so faint, so fair –; canta Orfeo oponiendo las venturas firmes de la tierra. Prometen las sirenas un indolente cielo submarino, roofed over by the changeful sea (techado por el variable mar) según repetiría – ¿dos mil quinientos años después, o sólo cincuenta? – Paul Valéry. Cantan y alguna discernible contaminación de su peligrosa dulzura entra en el canto correctivo de Orfeo. Pasan los argonautas al fin, pero un alto ateniense, terminada ya la tensión y largo el surco atrás de la nave, atraviesa corriendo las filas de los remeros y se tira desde la popa al mar.» — Jorge Luis Borges: El arte narrativo y la magia. — Deutsch: Die Erzählkunst und die Magie. In: Geschichte der Ewigkeit. Essays. München: Hanser, 1965. p. 91 sqq.